Adiós, Disneyland

Poner el telediario es sinónimo de actualizarse sobre lo mal que está el mundo. Hoy más que nunca. Parece que vamos a peor, que hemos tocado techo. El coronavirus es la estocada de humildad, la recibimos los seres humanos para recordarnos que no somos nadie. Y cada día nos lo recuerdan en las noticias.

Covid aparte, desde que tengo uso de razón, ojo, no tiene por que ser hace mucho, predominan los dramas. Accidentes, asesinatos, crisis económica, políticos con los brazos más largos que Michael Jordan, etc…

Mal. Todo mal. Sufrimiento. Catarsis. Ocaso. Miedo.

El virus plasma en el mundo la incertidumbre, trae una crisis mundial nunca vista.

Las alegrías, como mínimo en televisión, se reducen al deporte. En España, por suerte para los que les motiva, van sucediendo diversos logros en distintas disciplinas(Rafa Nadal sigue eterno en Ronald Garros.. ). Los gladiadores del s.XXI nos están amenizando la decadencia del país. Está muy bien, pero nos lo dan como pan de circo.

Y el circo, está lleno de payasos, que se hacen llamar políticos. Con habilidad para jugar al ‘ping-pong’ pasándose la palabra agria – (cuando suben al estrado, de hecho, deberían darles paso así: “tiene la ‘palagria’ el señor político equis”) – con acusaciones y descalificaciones mutuas constantes. Y digo pasándosela puesto que así, la pelota no cae, y siguen todos en el juego. Y siguen sin pensar en equipo, mirando por mantener su sitio.

No parece que los políticos estén a la altura

Apago la televisión. Me dedico a intentar lo que sí puedo hacer, a dar mi mejor cara con lo que tengo delante, los que tengo delante. A obviar el ocaso por un momento. Un momento que intento alargar lo máximo posible, hasta el próximo periódico que abra, radio que escuche, tweet que lea o televisión que vea.

La escapatoria está en mi cabeza, entiendo que mi proyección mental, mi actitud, es lo que debo trabajar para que pase lo que pase, poder ofrecer lo mejor de mí. El empeño en, poco a poco, mejorar ‘mis todos’: habilidades, aptitudes, relaciones, llamadlo ‘equis’.

Pero cuesta ver un horizonte DISNEY. La vida no volverá a ser cómo antes. ¿Qué ha pasado? ¿He crecido? ¿Esto es ‘ser mayor’? O realmente tocamos techo como sociedad mundial, y vamos ‘para abajo’. La nueva normalidad, es ya la nueva realidad. El covid es el nuevo accidente de moto, si conduces una, lo has tenido o lo tendrás. Hay que vivir con ello. Siempre hay quién está (mirad en países africanos o Sudamérica en general) o estuvo peor (nuestros bisabuelos y abuelos en la guerra civil). Todo es cuestión de perspectiva.

Apaguemos la tele. Encendamos la bombilla de nuestra mente. Respiremos hondo, y evaluemos cada uno lo mejor que podemos hacer con lo que tenemos. Y a tope.